Quizás lo más inquietante sea la ausencia de una rendición de cuentas clara en el proceso de investigación y enjuiciamiento. Cuando una joven madre recibe múltiples disparos durante un intercambio de custodia y nadie es acusado, debemos preguntarnos, ¿la justicia es realmente ciega? ¿O algunas vidas aún se consideran menos dignas de protección? La muerte de Tasha es una pérdida inconmensurable.
Pero si de ese dolor podemos construir un sistema más seguro, más justo y más humano, entonces así es como el mundo empieza a devolverle una fracción de lo que le fue arrebatado. Porque a veces la justicia no se encuentra en el veredicto de un tribunal, sino en asegurarnos de que la historia no se repita.