Las puertas automáticas se cerraron discretamente. El murmullo quedó atrapado dentro del edificio.
El gerente pidió que nadie se retirara todavía. No por obligación, sino por la magnitud del momento. Dos supervisores revisaron el sistema. Un auditor interno fue llamado desde el piso superior.

No había error.
Las cuentas habían sido abiertas en 1968.
Depósitos constantes durante quince años.
Después, silencio absoluto.
Los intereses acumulados durante más de cinco décadas habían convertido pequeños ahorros en una cifra extraordinaria.