Tras 37 niñeras que renunciaron, una joven cuidadora descubrió lo que realmente necesitaban las hijas del millonario

Su asistente, Miles, entró con noticias desalentadoras: todas las agencias de cuidado infantil del norte de California habían rechazado enviar personal. La dirección de la mansión estaba en la lista negra. Los reportes eran contundentes: baños inundados, muebles destrozados, aparatos electrónicos arruinados e incluso un pequeño incendio en el cuarto de juegos.

Como para confirmar la advertencia, un estruendo recorrió la casa. Un cristal se rompió, alguien gritó y momentos después, carcajadas llenaron los pasillos. No eran risas de alegría, sino nacidas del dolor y la rabia acumulada.