Cuando desperté de un coma, oí a mi hijo susurrar: ‘Mamá, si me oyes, no abras los ojos – escucha lo que papá está planeando’

Lo primero que me desarrolló fue un pitido constante y rítmico. Cortó la oscuridad como algo que me llamaba a subir desde lo más profundo del agua.

Mi cuerpo se sentía increíblemente pesado, como si ya no me perteneciera. Intenté moverme, pero nada respondió. Mis párpados parecían pegados y no podía hablar ni moverme ni un centímetro. Pero estaba consciente. Consciente.

 

Entonces algo pequeño, cálido y tembloroso se deslizó en mi mano.

“Mamá… Si me oyes… No abras los ojos.”