Porque Clara Robles Arriaga ya no era la esposa abandonada, ni la heredera fugitiva, ni la mujer que ardió en el porche de su casa.
Era una madre. Una sobreviviente. Una mujer entera.
Y nadie, nunca más, volvería a hacerla sentirse pequeña.
Porque Clara Robles Arriaga ya no era la esposa abandonada, ni la heredera fugitiva, ni la mujer que ardió en el porche de su casa.
Era una madre. Una sobreviviente. Una mujer entera.
Y nadie, nunca más, volvería a hacerla sentirse pequeña.