La amante le arrojó aceite hirviendo a la esposa embarazada, y cuando el médico reconoció a la mujer desaparecida, un secreto de seis años hundió a su esposo frente a todo México, ¿quién era ella realmente…

Porque Clara Robles Arriaga ya no era la esposa abandonada, ni la heredera fugitiva, ni la mujer que ardió en el porche de su casa.

Era una madre. Una sobreviviente. Una mujer entera.

Y nadie, nunca más, volvería a hacerla sentirse pequeña.