Rodrigo cruzó la frontera de regreso después de 6 años. Traía una camioneta nueva, dinero en el bolsillo y un único deseo, abrazar a su madre. Pero cuando llegó a la casa de barro donde creció, encontró las ventanas clavadas con tablas, la puerta amarrada con una cadena oxidada y un perro flaco con las costillas marcadas, echado en la entrada como si llevara meses esperando a que alguien viniera. Rodrigo pegó el oído a la puerta y escuchó algo adentro.
Un quejido débil, casi un suspiro. Lo que descubrió detrás de esa puerta te va a revolver el estómago, pero lo que le hizo a quienes encerraron a su madre ahí, eso no se te va a olvidar. Esta es una historia de traición, de cadenas y de una madre que lo dio todo por quienes menos lo merecían. Y te prometo que el final te va a dejar sin palabras.