Mi hijo me llamó: “Mamá, me caso mañana. He retirado todo tu dinero y he vendido tu apartamento”.
Mi hijo me llamó un miércoles por la tarde con la voz más emocionada que le había escuchado en años.
—Mamá, tengo una noticia increíble. Mañana me caso con Vanessa. Ya no vamos a esperar más. Vamos a hacer una fiesta sorpresa en el Club Mirador del Pacífico.
Yo apenas estaba abriendo la boca para felicitarlo cuando me interrumpió con una alegría casi infantil.
—Ah, y una cosita más… ya transferí todo el dinero de tus cuentas a la mía. Voy a necesitarlo para pagar la boda y la luna de miel en París. Y sobre tu departamento frente al mar… el que tanto te gusta… ya lo vendí. Firmé esta mañana usando el poder que me diste el año pasado. El dinero ya está en mi cuenta y los nuevos dueños quieren que te salgas en treinta días. Bueno, mamá… nos vemos. O tal vez no.