¡¿Se ha ido?!
Mi marido bajó aún más la voz. “Solo tenemos que demostrar que estamos preparados. El médico ya ha aceptado discutir opciones.”
¿Opciones?
Mi pulso volvió a acelerarse.
Arthur y Chloe no estaban simplemente esperando a que muriera.
Intentaban que sucediera.
Entonces la puerta se abrió de nuevo. Estos pasos sonaban diferentes.
“Ah, Dr. Anderson, justo un tiempo”, dijo mi marido con suavidad. “Hay algo que queríamos hablar contigo. Recibimos documentos de otro especialista recomendando suspender la atención intensiva debido a la ‘baja probabilidad de recuperación’. Deberías echar un vistazo.”
El papel crujió.
Luego un suspiro suave.
“Lo entiendo”, dijo el Dr. Anderson con cuidado. “Bueno, veo que no quieres seguir usando recursos en un caso que probablemente no mejore, pero por el bien del niño, quizás deberíamos retrasar cualquier decisión importante hasta mañana por la tarde”.
Arthur hizo ese sonido familiar que siempre hacía cuando estaba irritado, un breve suspiro por la nariz. Pero su voz permaneció tranquila.
“Por supuesto, doctor. Quiero decir, quizás ocurra un milagro y despierte a tiempo. Esa sería la bendición que todos esperamos.”
Sonaba creíble si no lo conocías realmente.