Ahí fue cuando me di cuenta.
Arthur no creía que Bruce importara. Hablaba abiertamente delante de nuestro hijo porque creía que Bruce o bien no entendería o no se atrevería a decir nada.
Siempre le había subestimado.
Pero nunca lo había hecho.
No podía moverme mucho, pero aún podía pensar. Aún podía escuchar.
Y sabía una cosa con total certeza: si no actuaba ahora, nunca tendría otra oportunidad.
La sala quedó en silencio mientras Arthur y Chloe seguían al doctor fuera.
En el instante en que la puerta se cerró con un clic, concentré toda mi fuerza en mover la mano aunque fuera un poco.
Me costó todo el que fui en mí.
Bruce se quedó paralizado de inmediato y luego se inclinó hacia él.
“¿Mamá?” susurró.
Esta vez, obligué a que mis labios se movieran.
“H… Hola… cariño…”
Las palabras apenas escaparon.
Bruce inhaló bruscamente.
“Estás despierto—”
“No lo hagas”, susurr