Leonor Gómez, nacida en Ciudad de México en 1905 y fallecida el 28 de octubre de 1974, fue una de las presencias más constantes del cine nacional y terminó convertida, con el paso del tiempo, en una figura casi legendaria: la actriz a la que muchos llaman “la de las mil películas”.
La cifra exacta no ha podido comprobarse por completo, pero distintas revisiones de su filmografía coinciden en algo esencial: su presencia fue extraordinariamente amplia y se extendió por más de cuatro décadas.
Lo primero que sorprende al revisar su trayectoria no es solo la cantidad de títulos, sino el lugar que ocupó dentro de la pantalla.
Leonor Gómez no fue una estrella de marquesina ni una actriz promocionada por los grandes estudios con la intensidad reservada para los nombres centrales de la Época de Oro.
Fue, más bien, una intérprete de reparto y de conjunto que supo convertir la brevedad en un sello.
El sitio Filmotropo, dedicado al rescate de la memoria del cine mexicano, la define como un “tipo” de mujer del pueblo, pero añade de inmediato algo más importante: tenía agilidad física, un rostro muy expresivo y una evidente capacidad histriónica.