Es decir: su leyenda nace tanto de su presencia real como de una filmografía incompleta que sigue reconstruyéndose.

Esa falta de documentación explica, en parte, el misterio que todavía la rodea.
Sobre su vida privada se sabe poco.
El Heraldo de México resumió esa paradoja con claridad: era uno de los rostros más vistos del cine mexicano, pero al mismo tiempo una mujer sobre la que la historia dejó escasos datos personales.
La memoria popular la conservó mejor que los archivos.
Su figura quedó pegada a una manera de representar al México urbano y popular de mediados del siglo XX, y su presencia terminó funcionando como una especie de tejido invisible entre una película y otra.
No era la protagonista oficial, pero ayudó a que ese universo pareciera vivo.
Tal vez por eso la historia de Leonor Gómez resulta tan poderosa hoy.