Esa combinación explica por qué, aun en apariciones cortas, conseguía dejar impresión.

Su recorrido frente a las cámaras comenzó, de acuerdo con los registros más citados, en Corazones en derrota de 1933.
Desde allí fue ocupando un espacio singular en la industria.
Hizo papeles de comadre de vecindad, puestera, cocinera, nana, lavandera, sirvienta, mujer de pueblo, invitada, testigo o vendedora ambulante.
En Los tres huastecos se la recuerda como nana; en Los Fernández de Peralvillo, como Petra; y en Dos tipos de cuidado, junto a Pedro Infante y Jorge Negrete, volvió a confirmar esa extraña virtud de aparecer poco y, aun así, ser recordada.
En Con todo el corazón, por ejemplo, interpretó a una panadera dura que lanza una frase seca y perfecta para resumir la lógica áspera de ciertos personajes populares: “¿Y a mí, quién me paga?”.
No hacía falta más.
Con una línea, Leonor ya había construido una vida entera detrás del personaje.
Una de las claves de su permanencia fue la versatilidad.