No quedó limitada a un único molde, aunque el público la asoció muchas veces con figuras populares.
Filmotropo recuerda que también fue bailarina excéntrica, fichera, espectadora exaltada de lucha libre, soldadera, feminista militante y mujer de sociedad.
Incluso hubo películas en las que interpretó más de un personaje dentro del mismo relato.
Esa elasticidad profesional ayuda a entender por qué tantos directores la llamaban una y otra vez: conocía el ritmo del set, sabía dónde colocarse y entendía cómo llenar el cuadro sin robarlo de manera artificial.
El director español Juan Antonio Bardem advirtió esa fuerza en Sonatas de 1959 y la llevó a un primer plano mientras María Félix y Francisco Rabal quedaban al fondo, un gesto visual que hoy parece una reivindicación silenciosa de su talento.

En torno a Leonor Gómez también ha crecido una narrativa de injusticia y olvido que, aunque parte de una realidad evidente —la escasa atención que recibió frente a la magnitud de su trabajo—, conviene contar con rigor.
No hay pruebas sólidas disponibles que permitan afirmar extremos como una conspiración documentada de los estudios para borrarla de manera sistemática o condiciones concretas de explotación en los términos más graves que hoy circulan en videos y publicaciones virales.
Lo que sí puede sostenerse es que su nombre quedó durante mucho tiempo en una zona secundaria de la historia del cine, y que ni siquiera hoy existe un registro cerrado y definitivo de todas sus apariciones.
Filmotropo señalaba en 2012 que IMDb reunía unos 240 títulos, mientras otras bases de datos y archivos permitían sumar muchos más, acercándose ya entonces a los trescientos identificados, con la expectativa de hallar todavía otros.